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12.3.12

Jugando a la vida

Adrián cogió su peluche. Lo miró fijamente y recordó todo lo que habían vivido. Él sabía que se había divertido con su oso de peluche, que le había hecho feliz y que había sido su compañero en los buenos momentos, pero sobre todo en los malos.
Pero en los últimos días, Adrián había cambiado, no era el mismo de siempre. No sabía por qué, pero odiaba su peluche y empezó a golpearlo contra el suelo, una y otra vez, intentando romperlo. Continuó así durante unos minutos y después empezó a morderle el brazo hasta que consiguió separarlo del resto de su cuerpo.
Se acercó a la mesa que tenía al lado, cansado de pelear, y cogió unas tijeras decidido a terminar con aquello. Las clavó en el centro del pecho, tan hondo como pudo, y dejó caer el peluche sin vida, mientras Adrián se apoyaba en la pared, con los ojos cerrados, agotado.
Cuando volvió a abrir los ojos, el escenario era totalmente distinto. Vio a su mujer yacer muerta en frente de sus ojos, rodeada de sangre, con un cuchillo clavado en el pecho.
Ya no era un niño, y la vida ya no era un juego.

MFV

29.2.12

Una moneda, dos caras.

Yo tan poco cuerdo, tú tan racional.
Un espejo donde me pierdo,
un romance sin final.

Yo tan derrotado, tú tan seca.
Un bosque desencantado,
una tormenta que se acerca.

Yo tan en las nubes, tú tan arraigada,
en mi mundo de ilusiones,
en mi tierra de esperanza.

Yo tan solitario, tú tan abandonada,
de sonrisas a diario,
de tu vieja armadura intacta.

Yo tan perdido, tú tan centrada,
en la casa del olvido,
descansando sobre su espalda.

Yo tan incompleto, tú tan perfecta.
Los dos bajo el mismo techo,
nos separan miles de aceras.

Yo tan en tu memoria, tú tan en mis venas.
Fui para ti una simple historia,
tú el origen de todas mis penas.

Yo tan enamorado, tú tan enamorada.
Sueño que duermes a mi lado,
cuando en tu vigilia otro es el que te acompaña.

MFV

12.1.12

Origen

Caminas tranquilo y de pronto, un olor. Entra por tu nariz y llega hasta lo más hondo de tu corazón. Te giras y allí está, su pelo, sus ojos, sus labios, todo elemento anatómico moldeado hasta rozar la perfección. Pero lo pasas por alto y centras tu mirada en lo más bonito que tiene. Su sonrisa, te está mirando y te invita a vivir tiempos mejores. Es en ese momento, en el que ella te mira y te sonríe, cuando tu corazón no lo aguanta más y explota de felicidad, dejando una sonrisa estúpida que ilumina tu rostro.

Y así, buenas o malas, empiezan las historias de amor.



MFV

27.11.11

Un amor de pocos

Bastó hablar de las palabras,
para que se las llevara el viento.
Fue observar nuestras miradas
cuyo cruce murió en el intento.

Tan solo la espalda lunar
para que las olas se detuvieran,
secando los sueños de cuna
de las vidas sin empezar.

Encontrar el sol en tu frío amor
para congelar mi alma,
buscar el invierno en tu mano
que caliente mi cama abandonada.

Odiar el regalo de tu sonrisa
por alegrar mis penas,
matarme sin ninguna prisa
en  las nubes de tu melena.

Subir desde el más alto cielo
al último de lo infiernos,
ser desgraciado es lo primero
cuando vives en el "querernos".

Vuela entre las piedras verdes
de agua roja y pura,
despertarme en los laureles
de tus piernas y tu locura.

Fue mirarte a los ojos
y cegarme con tus labios.
Un amor de los pocos
que olvidan los calvarios.


12.11.11

Palabras

08:00 am, la lluvia golpeaba sin cesar la ventana.

En la calle, se detenía un coche negro. De él bajaba un hombre alto, vestido con una gabardina negra y sombrero a juego. Se acercó con paso acelerado hacia la puerta de la casa, intentando escapar del bombardeo de agua que caía del cielo. Cuando entró, la tímida luz del hall de la casa le iluminó mientras se quitaba el sombrero.
Era un hombre joven, de unos treinta años, aunque sus facciones le hacían aparentar alguno más de los que tenía. De pelo castaño, nariz afilada y una gélida mirada que hacía que te hundieras en aquel mar azul que rodeaba su pupila sin que pudieras evitarlo. Echó una breve mirada a la estancia en la que se encontraba. Era una casa modesta, sin mucha ostentación y más bien falta de muebles. "Aquí debe vivir alguien solitario" pensó el hombre. Sin embargo, se equivocaba.
Aunque la casa daba la impresión de ser un lugar triste y vacío, aquella mañana era un bullicio de gente. Agentes de policía, forenses y algún que otro periodista, intentando conseguir la mejor instantánea de la mañana, iban y venían por las distintas habitaciones de la casa. Gente hablando, gritos, llamadas de teléfono y los flashes de las cámaras rompían el silencio que debía de reinar en ese momento, por respeto.
El hombre se dirigió hacia la derecha, al salón de la casa en busca de una cara conocida, pero sin embargo lo que vio allí lo dejó sin habla.
Una mujer, de unos veinte años, rubia de ojos marrones, estaba tumbada en el sofá, aparentemente dormida. Pero estaba muerta, él lo sabía. Quizás fuera su extremada palidez o la extraña postura en la que se encontraba, no estaba seguro. Pero en el ambiente se respiraba tristeza, incluso se notaba cierta humedad, causada seguramente por alguna lágrima derramada. Y no era para menos, pues la joven tenía una belleza extrema, a pesar de su fallecimiento se podía ver la luz que salía dentro de ella, una luz que ahora estaba apagada.
- Escalofriante, ¿verdad, Johnson? - le comentó un hombre mayor, de unos 50 años.
- Nunca había visto algo así, detective McCartney.
McCartney era de la "Old School" de la comisaría de Chicago. Tenía el pelo cubierto de un manto blanco de canas, no por la edad, sino debido al estrés provocado por todos los años de servicio que llevaba a la espalda. Nariz basta y barba descuidada, así era el mentor de Johnson, su modelo a seguir. Siempre solía ser optimista y llevar una sonrisa ya gastada por los años a todos lados, pero ahí, en esa habitación, ante la escena que presenciaban, el optimismo no tenía cabida. Se encontraban ante la muerte de un ángel, el robo de la vida más terrible de la hsitoria.
- ¿Qué tenemos? - preguntó Johnson, rompiendo el silencio.
- Mujer blanca, de 23 años, su nombre es Beth. Estaba terminando la carrera de Bellas Artes y trabajaba por las mañanas de camarera sirviendo desayunos.
- ¿Vivía sola?
- No, al parecer vivía con su novio creemos. Mira.
McCartney le mostró una foto. Era Beth acompañada de un chico, el cual era su novio supuso Johnson por la actitud cariñosa de la pareja. Debería tener la misma edad que la joven. Era moreno, de ojos verdes y una tímida barba que empezaba a hacer aparición.
- ¿Sabemos algo de él? -  curioseó Johnson
- Tan solo que se llama Peter. Es como si hubiera desaparecido sin dejar rastro. No hay ni facturas, ni registros, ni ningún contrato que nos pueda dar algo de información. Es todo muy extraño
Johnson se acercó al cadáver de la joven. Rozó su mejilla y aún quedaba algo de calor humano, un leve prueba de que antes había una energía en aquel cuerpo que podía hacerla sonreír. Una lágrima calló de los ojos del joven detective y fue a morir en la mano de Beth. Había visto cientos de cadáveres, pero aquello era demasiado, y no sabía por qué.
- Detective Johnson - gritó un policia -. Hemos encontrado esta nota en la nevera.
El policía le acercó un post-it y Johnson leyó lo que decía.
- "No todo es tan sencillo, perdóname Beth. Te quiere, Peter" - Johnson se quedó callado, meditando un rato y se giró hacia McCartney -. ¿Qué cojones ha pasado aquí? ¿Crees que se ha suicidado?
- No sé que pensar, detective, pero creo que tengo una teoría. Dudo que se haya suicidado, lo que ha pasado ha sido culpa de las palabras.
- ¿Palabras? ¿Qué estás diciendo, que unas sucesión de letras han matado a esta joven?
- Voy a decirte algo, Johnson. Llevo casi 30 años siendo detective, viendo asesinatos, muertes que nadie puede imaginarse. Cientos de armas capaces de aniquilar cualquier rastro de vida que haya en un ser humano. Pero nada puede matar de forma más macabra, que las palabras, un uso indebido de ellas puede destrozarte por dentro y hacerte sentir la persona más miserable del mundo, y matarte de una forma única y terrible.
- McCartney, estás loco, no puedes estar diciéndome que Beth a muerto porque su novio le dijo que no la quería, que ha muerto por desamor. Es una estupidez.
- Seguramente sea una estupidez, pero así es la vida Johnson. La gente provoca estas situaciones estúpidas, en las que una joven muere sin razón alguna, porque un chaval no quiso ser valiente.
- No me creo lo que estás diciendo, eso no tiene validez ante un jurado.
- No pienses en la ley, piensa en la vida. En lo injusta que es, en como se escapa corriendo ante nuestros ojos. Piensa en como unas simple palabras, pueden provocarte el mayor de los dolores.
- Esto es una locura, ¿qué le digo a la prensa, que murió por escuchar unas palabras?
- Puede que muriera por las palabras... o tal vez porque nunca escuchó las palabras adecuadas. A veces la ausencia hace más daño que la presencia.
Y diciendo eso, McCartney se marchó a seguir observando la escena del crimen,si podía llamarse así, dejando al joven Johnson meditando sobre lo que acababa de oír. Palabras que matan, la ausencia de palabras arrebatando la vida de una joven estudiante de Bellas Artes. Menuda locura, pensó Johnson, mientras salía de la casa dispuesto a hablar con la prensa.
Y así quedó la habitación, con la verdad flotando en el aire, la mirada de Beth dirigida al infinito y su último pensamiento escapando de la muerte.

"Cuanto daño pueden hacer las palabras."

MFV

17.5.11

Noches de pasión

Cena, velas.
Chistes, miradas.
Alegrías, penas.
Abrigos, faldas.
Musas, sirenas
Farolas, luciérnagas.
Caminos, carreteras
Portales, legañas.
Puertas, linternas,
Besos, baladas.
Caricias, piernas.
Desnudos, sábanas.
Sexo, estrellas.
Tus ojos, mis lunas.
Mis noches, tus caderas.

MFV