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12.3.12

Tiempos de guerra


Cuentan los historiadores que las guerras acaban con todo lo que encuentran a su paso: hombres, animales o árboles. Dicen que nada queda allí donde la batalla se ha librado, que tan solo quedan futuros rotos, sueños olvidados y un páramo helado debido a la muerte que sobrevuela cuando la tormenta ha terminado.
Leyendo libros encontré que es imposible recuperar lo que la guerra te quita. Cierto es esto que dicen, cuando la muerte que provoca la guerra decide llevarse consigo una parte de nuestro mundo terrenal, nadie puede ir al inframundo a recuperarlo. Y quiénes lo han intentado acaban locos, soñando despiertos con el pasado.
A pesar de saber todo esto, me alisté en el ejército y participé en una guerra, que terminó aunque no sabría decir si para bien o para mal.
En todo esto me hallaba yo pensando mientras andaba por el campo de batalla cuando en el suelo vi una flor blanca florecer en medio de tanta destrucción, un rayo blanco de esperanza que iluminaba la muerte.
Sonreí, puede que no esté todo perdido.
Y me perdí en la lejanía de la paz que sigue a la tempestad. 

MFV

Jugando a la vida

Adrián cogió su peluche. Lo miró fijamente y recordó todo lo que habían vivido. Él sabía que se había divertido con su oso de peluche, que le había hecho feliz y que había sido su compañero en los buenos momentos, pero sobre todo en los malos.
Pero en los últimos días, Adrián había cambiado, no era el mismo de siempre. No sabía por qué, pero odiaba su peluche y empezó a golpearlo contra el suelo, una y otra vez, intentando romperlo. Continuó así durante unos minutos y después empezó a morderle el brazo hasta que consiguió separarlo del resto de su cuerpo.
Se acercó a la mesa que tenía al lado, cansado de pelear, y cogió unas tijeras decidido a terminar con aquello. Las clavó en el centro del pecho, tan hondo como pudo, y dejó caer el peluche sin vida, mientras Adrián se apoyaba en la pared, con los ojos cerrados, agotado.
Cuando volvió a abrir los ojos, el escenario era totalmente distinto. Vio a su mujer yacer muerta en frente de sus ojos, rodeada de sangre, con un cuchillo clavado en el pecho.
Ya no era un niño, y la vida ya no era un juego.

MFV