Dio un largo suspiro, respirando el aire puro que los rodeaba, sintiendo como inundaba sus pulmones, purificándolos, y volvía a huir a la atmósfera de nuevo. Amaba dar paseos por el bosque, observar la flora y sentir la naturaleza en cada poro de su piel.
- De verdad, es increíble los bosques. ¡Que belleza!
Su compañero lo miro extrañado, mirándolo con ojos de sorpresa.
+ Parece mentira que te des cuenta ahora.
- No, no. Para nada. Pero cada vez que vengo es como si volviera a nacer y viera por primera vez esta obra de arte de la naturaleza.
+ Es algo maravilloso, tenemos la suerte de vivir rodeados de bosques que hacen más bello el paisaje.
- Cuánta razón hay en tus palabras. Lo mejor de venir aquí es que sientes la vida, sientes la vida como la sienten los árboles y te hace darte cuenta de la grandeza de la existencia. ¿Te das cuenta, aunque parezca una estupidez, que sin la vida no seríamos nada?
Pararon un momento a reflexionar sobre la pregunta que ahora mismo flotaba en el aire. ¡Que bobada! Claro que sin la vida no seríamos nada, pensaban. Pero de una manera más profunda, que llegaba hasta la última molécula de su cuerpo. La respuesta a la pregunta era algo tan simple, tan elemental, que nadie se había parado a escucharla. Todo el mundo lo sabía, pero nadie sabía la importancia que trascendía a la respuesta. Pues intentamos plasmar sentimientos, ideas y emociones inmensas, que no cabrían en todo el universo, en un simple trazo de palabras, y es en ese proceso de hacer del universo un simple mundo, cuando el significado real de lo que decimos se escapa volando a la eternidad, al olvido.
+ Menos mal que podemos venir aquí, de vez en cuando, y recordar que bello es vivir. Sentarse aquí, apoyado en un árbol, escuchando el sonido de los pájaros y como el río los acompaña con su simple melodía, creando la mejor orquesta creada nunca, la propia naturaleza.
- Tenemos tanta suerte, no imaginaría una vida sin bosques, sin vegetación. ¡No imagino una vida sin vida!
+ Verde es sinónimo de vida. ¿Recuerdas hace una semana, aquellos activistas que protestaban por la existencia de los bosques? Reclamaban la tala indiscriminada de estos para obtener energía al quemarlos.
- Que tristeza me entra al recordarlo. Está claro que son una gran fuente de energía y además de materia. Podríamos arrasar con todo lo hermoso de la tierra y vivir mejor que, ¿unos cuantos años? Luego nuestra existencia sería más miserable al descubrir el daño que hemos creado. Pero estos desalmados que pretenden destruir los bosques no se dan cuenta de esto.
+ Menos mal que son una minoría, sin apenas voz ni poder, pues la sociedad que hemos construido no es estúpida. Ni egoísta ni codiciosa.
- Hemos tenido mucha suerte, ya que a nadie le importa tener una vida menos ostentosa, a cambio estar rodeados de pura belleza. ¡Con lo fácil que sería movernos por nuestros instintos, anhelar cada vez más y más y no parar nunca!
+ Somos unos afortunados, tienes razón. Doy gracias porque la gente se ha dado cuenta de que no solo viven en sociedad, sino que viven rodeados de vida, y que no son nadie para destruirlas. Respetamos tanto a nuestros iguales como a los animales y las plantas, y por eso tenemos que dar las gracias.
Se acercó a uno de los árboles, uno que le había llamado la atención. Era increíblemente bello, una melena rubia y unos ojos azules únicos que iluminaban al resto de árboles que lo rodeaban. Tenía una sonrisa en la cara que invitaba a sonreír a todos los que la miraban. Su cuerpo no desentonaba con el rostro, era muy suave y hermoso, acompañado por unas piernas largas y suaves que se introducían en el suelo, haciendo de aquel lugar su casa.
+ ¿Te imaginas una vida sin esta belleza?
- No me entra en la cabeza, sería una vida que no merecería la pena tener. Es increíble, ¿qué tipo de árbol es?
+ Creo, por la mirada y la sonrisa, que es una buena persona.
Y el roble y el abeto se fueron paseando, abrazados, dando las gracias porque aquel bosque existiera y porque ellos pudieran disfrutarlo.
MFV
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25.1.12
5.1.12
Volver.
A los que corren sin prisas,
con bufanda de recuerdos y abrigo de sonrisas,
una foto borrosa, una lágrima eterna
que moja mi desgarrada camisa.
A las que aman sin razón,
por soñar despiertos con ella, con su voz,
una rosa en cada esquina, una nevera
llena de zumo de la fruta de la pasión.
A los que vuelan en ascensor,
subiendo al cielo del desnudo y la osadía,
una nube de caramelo, un beso cada día
endulzado con el sabor del amor.
A los que sonríen a la tristeza,
preguntando el por qué de su dolor,
un taxímetro estropeado, un reloj en deshora
marcando el ritmo de la marea.
A los que vienen y van,
sin rumbo alguno ni camino marcado,
unos zapatos nuevos, una biblia
que enseño a amar a un sacristán.
A todos y a nadie,
al sol y a la luna,
a los que en ninguna parte
esperan que un día huya
el viento del levante,
buscando un techo que cubra
la belleza de su alma desnuda.
A ellos les doy mi ser, mi poesía.
Las palabras que salen de mi alma
y las lágrimas que dejan mi derrota,
mi trono de poder, mi última eucaristía.
Pues aquel que un día dio, a la noche se fue,
dejando olvidado en sus maletas,
su último deseo de volver.
MFV
con bufanda de recuerdos y abrigo de sonrisas,
una foto borrosa, una lágrima eterna
que moja mi desgarrada camisa.
A las que aman sin razón,
por soñar despiertos con ella, con su voz,
una rosa en cada esquina, una nevera
llena de zumo de la fruta de la pasión.
A los que vuelan en ascensor,
subiendo al cielo del desnudo y la osadía,
una nube de caramelo, un beso cada día
endulzado con el sabor del amor.
A los que sonríen a la tristeza,
preguntando el por qué de su dolor,
un taxímetro estropeado, un reloj en deshora
marcando el ritmo de la marea.
A los que vienen y van,
sin rumbo alguno ni camino marcado,
unos zapatos nuevos, una biblia
que enseño a amar a un sacristán.
A todos y a nadie,
al sol y a la luna,
a los que en ninguna parte
esperan que un día huya
el viento del levante,
buscando un techo que cubra
la belleza de su alma desnuda.
A ellos les doy mi ser, mi poesía.
Las palabras que salen de mi alma
y las lágrimas que dejan mi derrota,
mi trono de poder, mi última eucaristía.
Pues aquel que un día dio, a la noche se fue,
dejando olvidado en sus maletas,
su último deseo de volver.
MFV
28.12.11
Mi condena
Fue conocerla y se quedó,
pero mal fue pensar en ella
como algo imborrable,
pues eso fue lo que la borró.
Miedo tuve del terror,
de alejarla con mis problemas.
Pero más antes que tarde,
el destino me alcanzó.
Ahora que no está, la añoro.
Se fue, es mi condena.
Hice lo imperdonable,
fui egoísta con la palabra amor.
MFV
pero mal fue pensar en ella
como algo imborrable,
pues eso fue lo que la borró.
Miedo tuve del terror,
de alejarla con mis problemas.
Pero más antes que tarde,
el destino me alcanzó.
Ahora que no está, la añoro.
Se fue, es mi condena.
Hice lo imperdonable,
fui egoísta con la palabra amor.
MFV
12.11.11
Palabras
08:00 am, la lluvia golpeaba sin cesar la ventana.
En la calle, se detenía un coche negro. De él bajaba un hombre alto, vestido con una gabardina negra y sombrero a juego. Se acercó con paso acelerado hacia la puerta de la casa, intentando escapar del bombardeo de agua que caía del cielo. Cuando entró, la tímida luz del hall de la casa le iluminó mientras se quitaba el sombrero.
Era un hombre joven, de unos treinta años, aunque sus facciones le hacían aparentar alguno más de los que tenía. De pelo castaño, nariz afilada y una gélida mirada que hacía que te hundieras en aquel mar azul que rodeaba su pupila sin que pudieras evitarlo. Echó una breve mirada a la estancia en la que se encontraba. Era una casa modesta, sin mucha ostentación y más bien falta de muebles. "Aquí debe vivir alguien solitario" pensó el hombre. Sin embargo, se equivocaba.
Aunque la casa daba la impresión de ser un lugar triste y vacío, aquella mañana era un bullicio de gente. Agentes de policía, forenses y algún que otro periodista, intentando conseguir la mejor instantánea de la mañana, iban y venían por las distintas habitaciones de la casa. Gente hablando, gritos, llamadas de teléfono y los flashes de las cámaras rompían el silencio que debía de reinar en ese momento, por respeto.
El hombre se dirigió hacia la derecha, al salón de la casa en busca de una cara conocida, pero sin embargo lo que vio allí lo dejó sin habla.
Una mujer, de unos veinte años, rubia de ojos marrones, estaba tumbada en el sofá, aparentemente dormida. Pero estaba muerta, él lo sabía. Quizás fuera su extremada palidez o la extraña postura en la que se encontraba, no estaba seguro. Pero en el ambiente se respiraba tristeza, incluso se notaba cierta humedad, causada seguramente por alguna lágrima derramada. Y no era para menos, pues la joven tenía una belleza extrema, a pesar de su fallecimiento se podía ver la luz que salía dentro de ella, una luz que ahora estaba apagada.
- Escalofriante, ¿verdad, Johnson? - le comentó un hombre mayor, de unos 50 años.
- Nunca había visto algo así, detective McCartney.
McCartney era de la "Old School" de la comisaría de Chicago. Tenía el pelo cubierto de un manto blanco de canas, no por la edad, sino debido al estrés provocado por todos los años de servicio que llevaba a la espalda. Nariz basta y barba descuidada, así era el mentor de Johnson, su modelo a seguir. Siempre solía ser optimista y llevar una sonrisa ya gastada por los años a todos lados, pero ahí, en esa habitación, ante la escena que presenciaban, el optimismo no tenía cabida. Se encontraban ante la muerte de un ángel, el robo de la vida más terrible de la hsitoria.
- ¿Qué tenemos? - preguntó Johnson, rompiendo el silencio.
- Mujer blanca, de 23 años, su nombre es Beth. Estaba terminando la carrera de Bellas Artes y trabajaba por las mañanas de camarera sirviendo desayunos.
- ¿Vivía sola?
- No, al parecer vivía con su novio creemos. Mira.
McCartney le mostró una foto. Era Beth acompañada de un chico, el cual era su novio supuso Johnson por la actitud cariñosa de la pareja. Debería tener la misma edad que la joven. Era moreno, de ojos verdes y una tímida barba que empezaba a hacer aparición.
- ¿Sabemos algo de él? - curioseó Johnson
- Tan solo que se llama Peter. Es como si hubiera desaparecido sin dejar rastro. No hay ni facturas, ni registros, ni ningún contrato que nos pueda dar algo de información. Es todo muy extraño
Johnson se acercó al cadáver de la joven. Rozó su mejilla y aún quedaba algo de calor humano, un leve prueba de que antes había una energía en aquel cuerpo que podía hacerla sonreír. Una lágrima calló de los ojos del joven detective y fue a morir en la mano de Beth. Había visto cientos de cadáveres, pero aquello era demasiado, y no sabía por qué.
- Detective Johnson - gritó un policia -. Hemos encontrado esta nota en la nevera.
El policía le acercó un post-it y Johnson leyó lo que decía.
- "No todo es tan sencillo, perdóname Beth. Te quiere, Peter" - Johnson se quedó callado, meditando un rato y se giró hacia McCartney -. ¿Qué cojones ha pasado aquí? ¿Crees que se ha suicidado?
- No sé que pensar, detective, pero creo que tengo una teoría. Dudo que se haya suicidado, lo que ha pasado ha sido culpa de las palabras.
- ¿Palabras? ¿Qué estás diciendo, que unas sucesión de letras han matado a esta joven?
- Voy a decirte algo, Johnson. Llevo casi 30 años siendo detective, viendo asesinatos, muertes que nadie puede imaginarse. Cientos de armas capaces de aniquilar cualquier rastro de vida que haya en un ser humano. Pero nada puede matar de forma más macabra, que las palabras, un uso indebido de ellas puede destrozarte por dentro y hacerte sentir la persona más miserable del mundo, y matarte de una forma única y terrible.
- McCartney, estás loco, no puedes estar diciéndome que Beth a muerto porque su novio le dijo que no la quería, que ha muerto por desamor. Es una estupidez.
- Seguramente sea una estupidez, pero así es la vida Johnson. La gente provoca estas situaciones estúpidas, en las que una joven muere sin razón alguna, porque un chaval no quiso ser valiente.
- No me creo lo que estás diciendo, eso no tiene validez ante un jurado.
- No pienses en la ley, piensa en la vida. En lo injusta que es, en como se escapa corriendo ante nuestros ojos. Piensa en como unas simple palabras, pueden provocarte el mayor de los dolores.
- Esto es una locura, ¿qué le digo a la prensa, que murió por escuchar unas palabras?
- Puede que muriera por las palabras... o tal vez porque nunca escuchó las palabras adecuadas. A veces la ausencia hace más daño que la presencia.
Y diciendo eso, McCartney se marchó a seguir observando la escena del crimen,si podía llamarse así, dejando al joven Johnson meditando sobre lo que acababa de oír. Palabras que matan, la ausencia de palabras arrebatando la vida de una joven estudiante de Bellas Artes. Menuda locura, pensó Johnson, mientras salía de la casa dispuesto a hablar con la prensa.
Y así quedó la habitación, con la verdad flotando en el aire, la mirada de Beth dirigida al infinito y su último pensamiento escapando de la muerte.
"Cuanto daño pueden hacer las palabras."
MFV
En la calle, se detenía un coche negro. De él bajaba un hombre alto, vestido con una gabardina negra y sombrero a juego. Se acercó con paso acelerado hacia la puerta de la casa, intentando escapar del bombardeo de agua que caía del cielo. Cuando entró, la tímida luz del hall de la casa le iluminó mientras se quitaba el sombrero.
Era un hombre joven, de unos treinta años, aunque sus facciones le hacían aparentar alguno más de los que tenía. De pelo castaño, nariz afilada y una gélida mirada que hacía que te hundieras en aquel mar azul que rodeaba su pupila sin que pudieras evitarlo. Echó una breve mirada a la estancia en la que se encontraba. Era una casa modesta, sin mucha ostentación y más bien falta de muebles. "Aquí debe vivir alguien solitario" pensó el hombre. Sin embargo, se equivocaba.
Aunque la casa daba la impresión de ser un lugar triste y vacío, aquella mañana era un bullicio de gente. Agentes de policía, forenses y algún que otro periodista, intentando conseguir la mejor instantánea de la mañana, iban y venían por las distintas habitaciones de la casa. Gente hablando, gritos, llamadas de teléfono y los flashes de las cámaras rompían el silencio que debía de reinar en ese momento, por respeto.
El hombre se dirigió hacia la derecha, al salón de la casa en busca de una cara conocida, pero sin embargo lo que vio allí lo dejó sin habla.
Una mujer, de unos veinte años, rubia de ojos marrones, estaba tumbada en el sofá, aparentemente dormida. Pero estaba muerta, él lo sabía. Quizás fuera su extremada palidez o la extraña postura en la que se encontraba, no estaba seguro. Pero en el ambiente se respiraba tristeza, incluso se notaba cierta humedad, causada seguramente por alguna lágrima derramada. Y no era para menos, pues la joven tenía una belleza extrema, a pesar de su fallecimiento se podía ver la luz que salía dentro de ella, una luz que ahora estaba apagada.
- Escalofriante, ¿verdad, Johnson? - le comentó un hombre mayor, de unos 50 años.
- Nunca había visto algo así, detective McCartney.
McCartney era de la "Old School" de la comisaría de Chicago. Tenía el pelo cubierto de un manto blanco de canas, no por la edad, sino debido al estrés provocado por todos los años de servicio que llevaba a la espalda. Nariz basta y barba descuidada, así era el mentor de Johnson, su modelo a seguir. Siempre solía ser optimista y llevar una sonrisa ya gastada por los años a todos lados, pero ahí, en esa habitación, ante la escena que presenciaban, el optimismo no tenía cabida. Se encontraban ante la muerte de un ángel, el robo de la vida más terrible de la hsitoria.
- ¿Qué tenemos? - preguntó Johnson, rompiendo el silencio.
- Mujer blanca, de 23 años, su nombre es Beth. Estaba terminando la carrera de Bellas Artes y trabajaba por las mañanas de camarera sirviendo desayunos.
- ¿Vivía sola?
- No, al parecer vivía con su novio creemos. Mira.
McCartney le mostró una foto. Era Beth acompañada de un chico, el cual era su novio supuso Johnson por la actitud cariñosa de la pareja. Debería tener la misma edad que la joven. Era moreno, de ojos verdes y una tímida barba que empezaba a hacer aparición.
- ¿Sabemos algo de él? - curioseó Johnson
- Tan solo que se llama Peter. Es como si hubiera desaparecido sin dejar rastro. No hay ni facturas, ni registros, ni ningún contrato que nos pueda dar algo de información. Es todo muy extraño
Johnson se acercó al cadáver de la joven. Rozó su mejilla y aún quedaba algo de calor humano, un leve prueba de que antes había una energía en aquel cuerpo que podía hacerla sonreír. Una lágrima calló de los ojos del joven detective y fue a morir en la mano de Beth. Había visto cientos de cadáveres, pero aquello era demasiado, y no sabía por qué.
- Detective Johnson - gritó un policia -. Hemos encontrado esta nota en la nevera.
El policía le acercó un post-it y Johnson leyó lo que decía.
- "No todo es tan sencillo, perdóname Beth. Te quiere, Peter" - Johnson se quedó callado, meditando un rato y se giró hacia McCartney -. ¿Qué cojones ha pasado aquí? ¿Crees que se ha suicidado?
- No sé que pensar, detective, pero creo que tengo una teoría. Dudo que se haya suicidado, lo que ha pasado ha sido culpa de las palabras.
- ¿Palabras? ¿Qué estás diciendo, que unas sucesión de letras han matado a esta joven?
- Voy a decirte algo, Johnson. Llevo casi 30 años siendo detective, viendo asesinatos, muertes que nadie puede imaginarse. Cientos de armas capaces de aniquilar cualquier rastro de vida que haya en un ser humano. Pero nada puede matar de forma más macabra, que las palabras, un uso indebido de ellas puede destrozarte por dentro y hacerte sentir la persona más miserable del mundo, y matarte de una forma única y terrible.
- McCartney, estás loco, no puedes estar diciéndome que Beth a muerto porque su novio le dijo que no la quería, que ha muerto por desamor. Es una estupidez.
- Seguramente sea una estupidez, pero así es la vida Johnson. La gente provoca estas situaciones estúpidas, en las que una joven muere sin razón alguna, porque un chaval no quiso ser valiente.
- No me creo lo que estás diciendo, eso no tiene validez ante un jurado.
- No pienses en la ley, piensa en la vida. En lo injusta que es, en como se escapa corriendo ante nuestros ojos. Piensa en como unas simple palabras, pueden provocarte el mayor de los dolores.
- Esto es una locura, ¿qué le digo a la prensa, que murió por escuchar unas palabras?
- Puede que muriera por las palabras... o tal vez porque nunca escuchó las palabras adecuadas. A veces la ausencia hace más daño que la presencia.
Y diciendo eso, McCartney se marchó a seguir observando la escena del crimen,si podía llamarse así, dejando al joven Johnson meditando sobre lo que acababa de oír. Palabras que matan, la ausencia de palabras arrebatando la vida de una joven estudiante de Bellas Artes. Menuda locura, pensó Johnson, mientras salía de la casa dispuesto a hablar con la prensa.
Y así quedó la habitación, con la verdad flotando en el aire, la mirada de Beth dirigida al infinito y su último pensamiento escapando de la muerte.
"Cuanto daño pueden hacer las palabras."
MFV
22.8.11
El faro se apagó
Naciste en una esquina,
sumida en tu dolor.
Empezaste la vida,
muerto tu corazón.
Creciste olvidada
por los seguros ojos,
que vieron luz opaca
en tus sueños rotos.
El faro apareció
en el mar agitado,
vió luces en las sombras
y un fuego dormitando.
Recuerdos más oscuros,
que la cruz de la luna.
Dolores tan profundos
en busca de una cura.
Más tu historia es tan triste,
desde que comenzó,
que aquello que viste,
con fuego se grabó.
Pobre sonrisa corta
que no llega a eliminar,
el daño producido,
a tan temprana edad.
Ahora el faro se apagó,
solo queda la noche,
que cubre con su manto,
la vida que te robó.
MFV
5.7.11
Tiempo
Te conocí desde mi nacimiento,
sabiendo que tu cantidad es limitada.
Me enseñaron a disfrutar cada momento
y no dejar que la vida se esfumara.
Pero pronto supe que eras mi enemigo,
el punto y final de cada historia.
Un miedo del que huyo y al que sigo,
la pesadilla eterna de mi memoria.
Me hablaron de tu larga existencia,
de tus codiciados favores.
Yo descubrí tu malvada indiferencia
y tus deseos mediocres.
Nunca curan tus profundas heridas,
infligidas por el peso de tu arena,
que clavan tus afiladas manecillas
alargando el dolor creado por la pena.
Te llevaste las tardes en los bancos,
las miradas borrosas en la noche.
Me robaste miles de abrazos
y los cristales empañados en el coche.
Tiempo, nos ahogas con tu fugaz viaje.
Me matas con cada segundo
que me arrebatas sin preguntarme.
MFV
3.8.10
Un abrir y cerrar de ojos

triste o inmensamente feliz,
empieza tras el final de un cuento,
amargo o con sabor a perdiz.
La mirada pierde su claridad,
inundada por un mar de sensaciones,
ahogada por sonrisas de verdad
o aplastada por un muro de lamentaciones.
Un abrir y cerrar de ojos,
para frenar el caudal del río
que entristece los mas bellos rostros
y enseña del alma lo más prohibido.
Todo termina en un abismo eterno
dónde cada gota adquiero un sabor distinto:
sabor desolación por cada triste recuerdo,
o sabor alegría por lo bueno vivido.
MFV
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