Casi las tres de la mañana y nada está claro. De hecho, desde la altura a la que me encuentro, solo la oscuridad en mi horizonte, una oscuridad salpicada de unos pocos vatios de lucidez. Siempre pienso en saltar a ella, y que me abrace, me susurre lo que siempre tuve miedo a oír y me robe los sentimientos que me hacen levantarme cada día. Pero también, albergo la esperanza de que en ese mar negro, pueda haber una tabla de madera que me rescate, tu bote salvavidas, mi cura contra la cobardía. Y es en estos mares de incertidumbre, donde el ser humano tiene miedo de nadar, teme que el agua lo ahogue y nada pueda rescatarlo. Pero también le atrae lo desconocido y teme el miedo de oír "¿Qué hubiera pasado si...?", una frase que atormenta nuestras mentes y paraliza los corazones, alimentando nuestras indecisiones.
Antes de que venga el Sol y se lleve con él la oscuridad, la duda, la incertidumbre, lo desconocido, me acerco al balcón y salto. Porque aunque lo negativo me acoja, el pesimismo me bese y la tristeza desnude mi alma inundándola de malos pensamientos, a mí siempre me gustará nadar, siempre y cuando, vengas a despertarme para que yo pueda ver, que al menos alguien está en tierra firme.
MFV
Mostrando entradas con la etiqueta marea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta marea. Mostrar todas las entradas
21.1.12
5.1.12
Volver.
A los que corren sin prisas,
con bufanda de recuerdos y abrigo de sonrisas,
una foto borrosa, una lágrima eterna
que moja mi desgarrada camisa.
A las que aman sin razón,
por soñar despiertos con ella, con su voz,
una rosa en cada esquina, una nevera
llena de zumo de la fruta de la pasión.
A los que vuelan en ascensor,
subiendo al cielo del desnudo y la osadía,
una nube de caramelo, un beso cada día
endulzado con el sabor del amor.
A los que sonríen a la tristeza,
preguntando el por qué de su dolor,
un taxímetro estropeado, un reloj en deshora
marcando el ritmo de la marea.
A los que vienen y van,
sin rumbo alguno ni camino marcado,
unos zapatos nuevos, una biblia
que enseño a amar a un sacristán.
A todos y a nadie,
al sol y a la luna,
a los que en ninguna parte
esperan que un día huya
el viento del levante,
buscando un techo que cubra
la belleza de su alma desnuda.
A ellos les doy mi ser, mi poesía.
Las palabras que salen de mi alma
y las lágrimas que dejan mi derrota,
mi trono de poder, mi última eucaristía.
Pues aquel que un día dio, a la noche se fue,
dejando olvidado en sus maletas,
su último deseo de volver.
MFV
con bufanda de recuerdos y abrigo de sonrisas,
una foto borrosa, una lágrima eterna
que moja mi desgarrada camisa.
A las que aman sin razón,
por soñar despiertos con ella, con su voz,
una rosa en cada esquina, una nevera
llena de zumo de la fruta de la pasión.
A los que vuelan en ascensor,
subiendo al cielo del desnudo y la osadía,
una nube de caramelo, un beso cada día
endulzado con el sabor del amor.
A los que sonríen a la tristeza,
preguntando el por qué de su dolor,
un taxímetro estropeado, un reloj en deshora
marcando el ritmo de la marea.
A los que vienen y van,
sin rumbo alguno ni camino marcado,
unos zapatos nuevos, una biblia
que enseño a amar a un sacristán.
A todos y a nadie,
al sol y a la luna,
a los que en ninguna parte
esperan que un día huya
el viento del levante,
buscando un techo que cubra
la belleza de su alma desnuda.
A ellos les doy mi ser, mi poesía.
Las palabras que salen de mi alma
y las lágrimas que dejan mi derrota,
mi trono de poder, mi última eucaristía.
Pues aquel que un día dio, a la noche se fue,
dejando olvidado en sus maletas,
su último deseo de volver.
MFV
Suscribirse a:
Entradas (Atom)