Cuerpo vidrioso de labios finos
que arrebatan la vida
con cada beso de los míos,
sellando el pedregoso sendero
que recorren mis últimos años.
Unos te ven siempre llena.
Pero, aunque llena me abrazas,
mis ojos solo reflejan lo vacía
que mi alma queda tras beber
tus lágrimas ardientes.
Conviertes el día en noche
y ésta más oscura y difusa se torna
con cada segundo que muere
ahogado en mi boca.
Mi vista cansada, propia
de un derrotado peregrino,
cierra sus puertas a una existencia
en un anestésico paralelismo
sumergida.
A través de tu diáfana silueta
no veo más allá, ni más acá,
sino la orilla de mis heridas,
donde como un náufrago
me abandono al tímido dolor
de la deriva.
Y poco a poco
me cubren los lejanos recuerdos
que en el horizonte se consumen,
esperando que vuelva a nadar.
Pero yo también espero
en ninguna parte,
sin saber el qué o a quién.
Llorando la memoria
que el olvido empuja
con cada una de tus olas.
MFV
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16.12.14
7.4.11
Sueños
Cada noche le canto a la luna,
pero solo me escuchan las estrellas.
Estoy perdido en esta noche oscura,
olvidé mis pies en un mapa de carreteras.
Piedras que rompieron mis tejados
hoy son lecciones escritas en diarios,
buscaron escondite en mis manos,
soñando ser cantos rodados.
Las nubes escoden la luz,
de un sol ya quemado.
Cansado, duerme ya en el ataúd,
después de morir cegado.
Ya no hay frío en la nevera
que congele el tiempo del reloj.
Se quedó sin magia mi chistera
y en mi sombrero solo quedo yo.
Salté en medio de una caída
directo a un mar de cristal.
Ahogado quedé en mi propia vida,
ojos llorosos por culpa de la sal.
Desperté en mitad de un sueño,
en el que soñaba despertar
y comprobar que no podía ser cierto,
que hubiera olvidado como soñar.
MFV
Estoy perdido en esta noche oscura,
olvidé mis pies en un mapa de carreteras.
Piedras que rompieron mis tejados
hoy son lecciones escritas en diarios,
buscaron escondite en mis manos,
soñando ser cantos rodados.
Las nubes escoden la luz,
de un sol ya quemado.
Cansado, duerme ya en el ataúd,
después de morir cegado.
Ya no hay frío en la nevera
que congele el tiempo del reloj.
Se quedó sin magia mi chistera
y en mi sombrero solo quedo yo.
Salté en medio de una caída
directo a un mar de cristal.
Ahogado quedé en mi propia vida,
ojos llorosos por culpa de la sal.
Desperté en mitad de un sueño,
en el que soñaba despertar
y comprobar que no podía ser cierto,
que hubiera olvidado como soñar.
MFV
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