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31.7.14

Humano, imperfecto, mortal.

El día que muera,
el día que cierre los ojos y apague la luz,
solo un deseo tendré por testamento.

No quiero morir como mueren
políticos y reyes.
Sobre un lecho de elogios desmedidos,
con coronas de frágil y temporal respeto
y un cortijo de fieles,
con el olvido trajeados..

No quiero morir como se marchan
ladrones y rufianes;
cuyo daño en vida no empaña
aquel beso tierno que no robaron
o aquel sueño cristalino
que no rompieron.

Quiero irme de este mundo
como el mendigo y el enfermo,
sin aditivos,
vestido con críticas y elogios,
rodeado de amor y odio.

Quiero una despedida
sin alabanzas.
Pero con lágrimas y sonrisas,
con los reproches y alegrías
que encontré por el camino.

Quiero morir igual que fui:
humano, imperfecto, mortal.

27.3.12

¿Por qué escribo?

¿Por qué escribo?
Para amarte en silencio,
para crear memoria,
para parar el tiempo
en folios y en historias.

¿Por qué escribo?
Para sangrar palabras
y morir de la rima:
del principio de tus sábanas
con el final de tu sonrisa.

¿Por qué escribo?
Para desafiar al destino
y jugar con la suerte,
sintiendo lo que escribo,
llorando con la muerte.

¿Por qué escribo?
Para hacer florecer hojas,
donde tú dejaste un desierto.
Para besar tu eterna boca
al ritmo que marque el viento.

¿Por qué escribo?
Para ser inmortal,
y que lo que un día fui, siempre sea,
el soñador en el que me convertí

16.3.12

Una última pregunta

No he venido a enseñar arquitectura,
todas mis casa se cayeron solas
dejando mi alma desnuda
a merced del indiferente vaiven de las olas.

Nunca vine a robarle tiempo al Sol,
para que deje de girar mi vida.
Y saber donde me encuentro yo
y donde puedo encontrar la salida.

No fui bueno con los juegos de azar,
mi suerte viajaba en los vagones
de trenes que nunca paraban,
para bajarme de los errores. 

No soy muy de abrir mi pecho
y a ver que encuentra el mundo.
Todos mis consejos viejos
y mis miedos más profundos.

No me gustan las acrobacias
que hacen locos corazones,
por terminar cuanto antes las historias,
sin que empiecen los perdones.

Nunca me llamaron desde el cielo,
diciendo que mi vida estaba lista.
Reclamé que me dieran los restos
de la infancia menos divertida.

Nunca he dicho nunca,
ni negué mis afirmaciones.
Una última pregunta,
¿la amé más por los dolores?