- ¿Quieres repetir gambas, hijo?
- Claro, papá -contesté mientras me alcanzaba la bandeja y me servía un par más.
- Cariño, te ha quedado estupenda la ensalada de queso de cabra -mis padres se miraron con la misma dulzura con la que llevaban amándose desde que tengo uso de razón-, ¿traemos ya el postre?
Mi hermana y yo asentimos con la cabeza. Mis padres se levantaron mientras nosotros terminábamos con nuestros platos, y volvieron en seguida de la cocina.
- Aquí tenéis hijos, tarta de tiramisú -dijo nuestra madre con una sonrisa de oreja a oreja-. Que cena tan estupenda hemos tenido, ¿verdad chicos?
Observé la estampa que formábamos los cuatro. Mi hermana y yo, compartiendo un yogur de tiramisú tras haber disfrutado de un plato de sopa de gambas, sin gambas. Una sopa previamente aguada para que la cantidad fuera suficiente para dos. Mis padres, mirándonos con una sonrisa empañada por las lágrimas que caían sobre sus platos vacíos, intentando disfrazar la realidad con trucos y juegos. Mi hermana ajena a las circunstancias que estaban marcando su niñez. Y todos sentados alrededor de la luz que nos proporcionaba un camping gas.
Fue aquella noche, la noche de mi sexto cumpleaños, cuando perdí la inocencia.
MFV
Mostrando entradas con la etiqueta microrrelato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta microrrelato. Mostrar todas las entradas
3.8.14
19.2.12
Nieve
Me encanta
la nieve.
Es cierto
que nunca ha sido así, de pequeño la odiaba. Era fría y carente de color, me
aburría. Pero cuando uno crece, su percepción sobre el mundo cambia, y eso es
lo que me sucedió a mí.
La nieve
me hace sentir vivo, me encanta su color blanco, puro y su textura, como se
deshace entre mis dedos. Me hace ver la vida de otra manera, me ayuda a
evadirme de mi existencia. Últimamente nevaba mucho en el vecindario, eso me
hacía feliz y siempre que podía salía a jugar a la calle, incluso había veces
que me llevaba la nieve y la guardaba en casa, nunca se sabe cuándo volverá a
nevar.
Sin
embargo, mi gusto por la nieve no puedo compartirlo con nadie. Los niños del
bloque no se acercan a mí, creo que piensan que soy una especie de monstruo.
Veo como me miran, como me miran sus madres. La misma mirada que tenía mi madre
cuando me veía jugar con la nieve. Ojalá pudiera estar con mi madre…
Enrollé el
billete de cinco euros y otro copo de nieve entró por mi nariz.
Feliz
Navidad.
MFV
MFV
Suscribirse a:
Entradas (Atom)